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jueves, 27 de mayo de 2010

y no he mordido

Tengo la boca amarga y no he mordido;
el alma, atroz, y la canción, tronchada.
No sé qué fuerza traigo en la mirada,
ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

No sé ni cómo ni por qué he venido.

Esto es todo: llegué; no sé más nada.
No me importa el quehacer ni la jornada,
y me da igual herir que ser herido.

La sangre, a punto, se impacienta y arde

por inundar la alcoba a la que vine,
donde fui tan feliz que fui cobarde.

Sólo pido al amor que no se obstine.

Me sentiré a su orilla cualquier tarde
para que alguien, de paso, me termine.

Antonio Gala

 

jueves, 29 de abril de 2010

bonsái


El mundo, realmente, forma parte de un código binario. Un bucle que se repite, siempre se repite. Había armas químicas en Diwaniya, sí. Javier aún lucha contra su trauma particular. Madrid es una ciudad tan cosmopolita como sucia. G.Casanova es un ave de paso. Roxi y Sergio en la distancia. Las cucarachas no han evolucionado. Luis trabaja su último beso. Jennifer en busca de una salida. En las azoteas de los edificios se construyen piscinas. ¿Alguien entiende el radicalismo occidental? Un blog es como un bonsái. Aunque no lo creamos existe nuestra antípoda. Del mismo modo que sabemos de la existencia de planetas con dos soles. George Lucas ya lo profetizó. Introduzca la contraseña. Realmente, nuestras relaciones forman parte de un código binario.

Binarios, Nacho Montoto

Fotografía: Laura Rosal

sábado, 3 de abril de 2010

casi con toda alegría


Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su país y lo redescubre:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, tanto
como hace tiempo lo era, destituido por norma.
Una rabia negra de poesía en el pecho.
Una loca vejez de jovencito.
Antes tu alegría se confundía
con el terror, es verdad, y ahora
casi con otra alegría
lívida, árida: mi pasión decepcionada.
Ahora me das miedo de verdad,
porque estás de verdad cerca, incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de criatura nueva.

Pier Paolo Pasolini, "La religione del mio tempo" 1961


lunes, 15 de marzo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

píntame un "explore" en la espalda

"No sé quién soy , pero sufro cuando
me deforman, eso es todo".

W. Gombrowicz

sábado, 27 de febrero de 2010

reminiscencias

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe y la memoria es modificación, de manera que sin querer amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables como las pocas cosas que habíamos conocido.

Cristina Peri Rossi, Reminiscencia (fragmento).





Ella Fitzgerald, All the things you are.

jueves, 11 de febrero de 2010

voilà




lo más difícil de narrar siempre es el presente. Su instantaneidad no admite proyecciones, fantasías, desenfoques. Yo no sé si todo aquello existió porque no sé si existe. No sé si son ciertas tus manos [aunque sí sé que verosímiles] bajo la lluvia, y tus ojos como Polaroids [irrepetibles y mostrando más de lo previsto]. Llorabas. Llovía. Quién deja a quién si todos andamos diferidos de nosotros mismos, dejando atrás lo que entendemos para no entender lo insoportable: que cada cual es uno y además no numerable, que vendrán otras, que vendrán otros, que asusta pensar hasta qué punto todos somos intercambiables. Sé que no podré olvidar cuanto vi en tus ojos: el aire ionizado sobre nuestras cabezas, tus manos apretadas [no sé exactamente qué visión pretendían refutar]. Puede que fuera yo quien lloraba, puede que fuera en mí donde llovía. Puede que aún me estés besando, o que aquel martes [por decir un día] jamás haya existido.



Agustín Fdez. Mallo, Carne de Píxel.

sábado, 6 de febrero de 2010

creo que voy a empezar a romperme

¿No ves que si hemos perdido
hemos ganado historias que contar?
  

 Montt.

miércoles, 3 de febrero de 2010

la dolce vita

"....Pero esta película, generosamente repleta de escenas geniales, adquiere uno de los momentos estelares en la Fontana de Trevi. Esta secuencia estuvo inspirada en el reportaje gráfico que, en el año 1920, llevó a cabo Pierluigi Praturlon sobre la luna de miel del matrimonio Fitzgerald. Zelda se arrojó a la fuente de Union Square, en Nueva York, mientras el autor de El gran Gatsby la imitó lanzándose a la que hay frente al Hotel Plaza".






ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS, Enero 2010. Nº 932
 

martes, 2 de febrero de 2010

piel roja

Pies-ligeros, Alce-Negro, Hijo-del-Trueno, así llamaban en el cine a los indios pielesrojas; durante el mes de octubre también Brezo tuvo su nombre, era el-amor-sin-sitio. Ella me rondaba como un pájaro carpintero, pequeños picotazos intermitentes de visitas y llamadas me asolaban al día, introduciendo otro tiempo en mi tiempo, y así quedaba yo desconcertado. Era el amor sin sitio que iba adueñándose de mis gestos; marcándome las manos -que mantenía suaves, recién lavadas siempre, no fuera ella a venir a mi casa de pronto y pudiera yo tocarla por dentro-; poniéndome un deje de tristeza en la comisura de los ojos, un halo noble de tuberculoso antiguo que era Brezo, ese círculo malva y rosa era Brezo, era saber que yo tendría que quererla fuera de los marcos de todas las ventanas, fuera del tiempo y a veces fuera de ella misma, como un adúltero, como un enfermo que conoce el signo de su mal y no se lo ha dicho a nadie. Yo no iba a morir, mi cuerpo no estaba condenado pero sí mi amor; el hombre no puede levantar su amor por el cielo durante más de unos meses y cómo hacérselo saber sin causar daño, retardando los días, espaciando el número de ocasiones en que habríamos de vernos para alargar el cómputo.
Al principio yo tenía miedo de la figura de Brezo, después supe que debía tener miedo de su imaginación. «A veces te imagino», dijo una tarde y yo sentí vértigo. Ella había estado en mi casa y había retenido la disposición de los objetos. Luego, me imaginaba. Qué forma de posesión. Al caer la noche, por ejemplo, hacía yo mi cena, pan de molde y atún en aceite, un tomate, una cerveza y de pronto, el plato sobre la mesa baja del salón, la servilleta en las rodillas, el emparedado camino de mi boca, de pronto se me ocurría: «¿Estará imaginándome?». Al cabo de unos días era más complicado: «¿Estará imaginando que yo me estoy preguntando si ella está imaginando que yo... ?»


Belén Gopegui, La escala de los mapas

 

Todo mis planes caben en una canción.

viernes, 29 de enero de 2010

De hombros y viernes

Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.
 
Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:
 
le envidio
cada una
de tus lágrimas.
 
Karmelo C. Iribarren, El amigo

jueves, 21 de enero de 2010

jueves



A veces tenemos que darnos un consejo a nosotros mismos.
Y hacernos caso, claro.



(Ilustra Alberto Montt).

viernes, 15 de enero de 2010

obligaciones


De joven, compartí piso con una chica que lo primero que me dijo fue que le reventaba fregar los cacharros, de manera que me tocó a mí. Al principio me parecía un engorro, creo que porque me empeñaba en terminar en seguida, pero luego le cogí gusto y limpiaba en una hora el mismo número de platos que cualquier persona normal habría liquidado en media. Lo que me gustaba de aquella actividad era que me ponía intelectualmente en marcha. A los diez minutos de estar sacándole brillo a una cacerola de aluminio, las neuronas trababan amistad entre sí y resolvía problemas que en la mesa de trabajo me habrían llevado días. Fregar me ayudaba a entrar en un raro estado de concentración del que obtenía beneficios increíbles. Sin embargo, a mi compañera le sentaba fatal verme disfrutar de ese modo y comenzó a pensar que compartía piso con un depravado.
—¿Pero tú por qué no protestas cuando te toca fregar?
—Porque me gusta.
—No gastes bromas. Cómo te va a gustar.
—Es cierto. El correr del agua y el ver cómo se marcha la porquería de las sartenes por el sumidero me hunde en una especie de éxtasis que me ayuda a reflexionar sobre la existencia.
Al principio pensó que le tomaba el pelo, y luego que era un pervertido. Cuando teníamos invitados y me veía levantarme después de comer para recoger la cocina, la oía murmurar cosas sobre mí. Una vez llevó a su madre, quien tras observarme de arriba abajo me preguntó si era yo ese al que le gustaba fregar.
—Soy uno de ellos —respondí sintiéndome miembro de una secta secreta de fregadores repartidos por el mundo.
Al día siguiente la chica abandonó el piso sin despedirse y tuve que poner un anuncio en los tablones de la Facultad, pues no podía hacer frente yo solo al alquiler. Siempre he preferido vivir con mujeres que con hombres, por lo que solicité una compañera. Vino una estudiante de medicina que lo que no podía soportar de ningún modo era tender la ropa. Yo nunca me había ocupado de eso, pero a las pocas semanas empezó a gustarme y estaba deseando encontrar algo mojado para colgarlo de las cuerdas. Bien es cierto que teníamos un patio interior muy sugerente, y que a mí me apasionaba imaginar las vidas que discurrían al otro lado de las ventanas que se veían desde la nuestra. Al poco, me pasaba la vida tendiendo y mi compañera empezó a sospechar que había ido a caer con un mirón o un psicópata, así que se fue y tuve que poner otro anuncio gracias al que aprendí a cocinar, y así de forma sucesiva.
Evidentemente, tengo una rara capacidad para que acabe gustándome lo que he de hacer por obligación. Ello me ha creado fama de bicho raro entre mis conocidos. También eso me encanta, y lo cultivo, lo mismo que tender la ropa o fregar cacharros. ¿Es grave, doctor?.

Los objetos nos llaman, Juan José Millás

jueves, 14 de enero de 2010

fragmento


(...) 
pero si pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.


No te salves, Mario Benedetti


 

miércoles, 13 de enero de 2010

mi piace andare piano piano


Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.


Escrúpulo, Oliverio Girondo.




sábado, 2 de enero de 2010

epílogo


Epílogo a un cuento
Berkeley, California, 29 de septiembre de 1980

Querida Glenda, esta carta no le será enviada por las vías ordinarias porque nada entre nosotros puede ser enviado así, entrar en los ritos sociales de los sobres y el correo. Será más bien como si la pusiera en una botella y la dejara caer a las aguas de la bahía de San Francisco en cuyo borde se alza la casa desde donde le escribo; como si la atara al cuello de una de las gaviotas que pasan como latigazos de sombra frente a mi ventana y oscurecen por un instante el teclado de esta máquina. Pero una carta de todos modos dirigida a usted, a Glenda Jackson en alguna parte del mundo que probablemente seguirá siendo Londres; como muchas cartas, como muchos relatos, también hay mensajes que son botellas al mar y entran en esos lentos prodigiosos sea-changes que Shakespeare cinceló en La tempestad y que amigos inconsolables inscribirían tanto tiempo después en la lápida bajo la cual duerme el corazón de Percy Bysshe Shelley en el cementerio de Cayo Sextio, en Roma.
Es así, pienso, que se operan las comunicaciones profundas, lentas botellas errando en lentos mares, tal como lentamente se abrirá esta carta que la busca a usted...

Julio Cortázar, Botella al mar


lunes, 21 de diciembre de 2009

Judy G.

Hay canciones y mujeres que te hipnotizan, que te agarran de la mano y las pelotas para llevarte a su terreno y entonces estás perdido, feliz y perdido y con ganas de estirar el momento hasta que nada quede en pie, hasta que todo parezca un chiste o una despedida lacrimógena. Tal vez las dos cosas. Bienvenido a la enfermedad. El infierno baila en tu mente con movimientos lentos y está hecho de susurros y frases ambiguas, de cortinas decadentes y vasos siempre a medias. Entonces sólo puedes escribir cosas del tipo: “Estas mujeres que nos parecen diferentes a las demás suelen ser las más peligrosas, las que nos cambian la vida y casi nunca para bien”. Casi nunca es para bien todo lo bueno.

Quién no amó a Judy G. alguna noche.

Javier Cánaves


blackinvoice



jueves, 17 de diciembre de 2009

volantes



Pero incluso un novato sin ayuda de nadie puede darse cuenta enseguida de que una vida conducida, temporalmente o no, como una simple renuncia al valor se convierte en el mejor de los casos en algo atascado y en el peor de los casos en algo vacío: una vida de esperar lo que nunca ha de llegar.
 
David Foster Wallace, La niña del pelo raro.

domingo, 13 de diciembre de 2009

call me irresponsible


Toda cosa, frase u objeto, pensada o dicha con la suficiente seguridad y profundidad, se vuelve importante, y aún más, trascendente, crea su propia estética, por ejemplo, si se dice "la sopa está muy buena", mientras comes un mediodía viendo el telediario no significa nada, pero si se dice "la sopa está muy buena" mirando a los ojos a la cocinera de la misma manera que mirarías una explosión definitiva, entonces la frase adquiere una profundidad casi metafísica...

Agustín Fernández Mallo, Nocilla Lab.